El hombre no viene del mono. Una introducción a la teoría antropobiológica de Arnold Gehlen

Arnold Gehlen se propone frenar los avances del positivismo, es decir, limitar las consecuencias de una comprensión del hombre bajo los parámetros del positivismo, que son los mismos criterios de objetividad de las ciencias naturales. En realidad, la exploración que debe hacerse no es del campo de las ciencias naturales, sino de las ciencias del hombre. La fenomenología ha sido una resistencia al avance de los dictámenes totalizadores de la ciencia. Filosofía quiere un papel fundamental para contrarrestar la actitud totalizadora de la ciencia.

La antropología filosófica otorga un valor esencial a los datos empíricos que emergen en las ciencias humanas, datos empíricos que son usados en la práctica por un discurso teórico que se aleja del discurso de lo humano. No obstante, desde la antropología filosófica aún se da una visión fragmentaria que se muestra incapaz de alcanzar una visión holística del hombre.

En Gehlen, la filosofía ya no sigue el camino de la metafísica, de hecho, constituye un ataque directo a la metafísica, como disciplina que se ha preocupado para alcanzar las causas primeras y que se ha perdido en la nebulosa de causas eficientes sin realmente decir nada de las causas finales. La tarea de Gehlen es doble: por un lado, buscar una unidad en las ciencias humanas y, por el otro, atacar a la metafísica y sus causas primeras.

La problemática con pensar el hombre han sido que se han ofrecido dos respuestas insatisfactorias: 1. que proviene de Dios y 2. que proviene del animal. Estas respuestas son insatisfactorias porque no se piensa al hombre desde sí mismo. Pensarlo desde si mismo implica pensarlo como algo que está inacabado (no fijado, decía Nietzsche), todavía no afirmado. Como una esencia que todavía no está afirmada. El hombre sería un proyecto para sí mismo, de hacerse a sí mismo.

Gehlen dedica unas páginas a criticar a Scheler. ¿Por qué lo critica? Gehlen critica a Scheler porque este último quiere demostrar la especificidad de la naturaleza humana a partir de una continuidad con el mundo animal. La crítica de Scheler también la hace Heidegger, quien además de Gehlen también considera que el ser humana tiene una apertura al mundo. Y marca en ambos autores una brecha entre el animal y el humano.

El pensamiento de Scheler establece que:

  1. El instinto es un mecanismo innato, que se repite de la misma forma, no permite un aprendizaje de animales inferiores, que actúan movidos como un mecanismo.
  2. Hay un comportamiento más rico, la memoria asociativa, el percibir y aprender en las situaciones nuevas, que es la idea de la sedimentación del hábito que pasa en la memoria asociativa. El hábito se hace por prueba error y se activa en sucesos semejantes.
  3. La inteligencia práctica donde no hace falta que haya experiencias previas para enfrentarse a situaciones inéditas. Los grandes simios mediante su capacidad de juntar las experiencias presentes pueden solucionar un nuevo problema no presentado antes.

De todas formas, lo que hace humano al hombre es el espíritu, que no viene de la dimensión infrahumana, sino extramundana, divina. Este espíritu se contrapone a la vida biológicamente entendida y dice no a las pulsiones vitales y animales que deberían permanecer en el hombre. El hombre dice no a la vida, sí al espíritu, según Scheler.

Gehlen no está conforme con Scheler porque la negación de la vida debe venir des de fuera de la vida. La filosofía de Scheler acaba diciendo que el hombre dice no a la vida, no a lo animal. Mientras que para Gehlen es la propia vida, la physis, el principio, quien tiene designios con respecto al hombre. Es por eso por lo que cambian las premisas entre Scheler y Gehlen, y este último rechaza el cambio de continuidad gradual.

Para Gehlen no hay ninguna continuidad entre animal y humano. Se debe borrar el animal para pensar aquello que es lo humano. La physis ya ha creado para el hombre un proyecto especial, que el animal no puede poseer. Es por esto por lo que el hombre no es un animal. El animal es pobre de Welt (‘mundo’), porque es rico de Umwelt (‘ambiente’). Como dice Heidegger, el hombre se abre al mundo, el animal es carente de mundo. En Gehlen el hombre es pobre de Umwelt, porque la naturaleza ha decidido que fuera abierto-al-mundo. Plenitud de Umwelt solo existe en el animal, mientras que en el hombre hay una plenitud de Welt. De esta manera se muestra en abismo de Gehlen entre humano y animal, entre Welt y Umwelt.

Heidegger usa el conocimiento científico, pero lo hace en negativo, mientras que Gehlen considera que los datos de la ciencia son importantes y procura unificar el cuerpo y el espíritu. Desde el punto de vista de Gehlen, Scheler no deja de ser aristotélico. Él no está de acuerdo con Scheler porque este quiere quebrar la dimensión de la animalidad para buscar la especificidad del ser humano.

El hombre es un ser carente de umwelt y de instintos. El primitivismo de sus órganos denota que es animal que no ha evolucionado, que se ha quedado bloqueado en una fase evolutiva. El hombre nace de forma prematura, hay inmadurez en él, mientras que en la mayor parte de los animales el nacimiento no es inmadurez. Por esa razón, tenemos que recurrir a la cultura, que es nuestra segunda naturaleza. El hombre construye su destino porque está abierto al mundo.

¿Cómo construimos nuestro destino? Con una forma de vida que es posibilidad de afirmarse a sí misma debemos negar su dimensión animal. Por eso existe el principio de entlastung, de descarga de las señales que proceden de su entorno. La naturaleza ha hecho un principio de la descarga, de entlasung, que nos da un espacio y un tiempo para crear núcleos de objetividad porque no estamos activos en los estímulos.

El animal no llega al objeto solo al estímulo del objeto. No vivimos en el presente inmediato, vivimos enfocados al futuro. Podemos hacer de cualquier umwelt nuestro welt, por eso no tenemos vida. La técnica nos ha proporcionado de todo, la técnica procede de nuestra estructura biológica originaria. La naturaleza la ha pensado para el hombre, que tiene el destino de dominar el mundo, si no ya nos hubiéramos extinguido debido a nuestra inmadurez. Para conservar la vida, la naturaleza nos ofrece este don, esta segunda naturaleza que llamamos cultura.

Sigue habiendo una lucha por la naturaleza, tendencia a la conservación mueve la vida, según el darwinismo. La naturaleza tiene unas intenciones que hacen del hombre una especia privilegiada en la tierra. Gehlen no niega el darwinismo, sino que niega la evolución del mono al hombre. El hombre no es el eslabón de la cadena, sino que el hombre tiene una línea evolutiva especial que le ha dedicado la naturaleza.

Bibliografía

Arnold Gehlen, El hombre. Su naturaleza y su lugar en el mundo, Ediciones Sígueme, Salamanca, 1987.

José Ángel Lombo, «El hombre entre la biología y la técnica. El proyecto antropológico de Arnold Gehlen­», en Anuario Filosófico, XLI/2 (2008), pp. 363-381.

Carlos Beorlegui, Antropología filosófica, Universidad de Deusto, Bilbao, 1999, pp. 393-412.

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